El chamán como figura sociocultural

La figura del Chamán ha sido a menudo expuesta desde contextos socioculturales en los cuales se la pudiera hacer encajar en esquemas filosóficos establecidos de las épocas correspondientes. Mi visión va más allá e intenta comprender (o si más no, teorizar sobre ello) las señales o el sentido de ese viaje, de esa lucha con uno mismo. El hombre frente a lo desconocido, el hombre como parte de la tierra en un mundo que solo encierra misterios, que alberga dolor y placer a la vez que muestra estar regido por una ley (el amor) que permanece inalterable al paso del tiempo y que se muestra persistente en sus caminos hacia el corazón del ser humano.

La unión del Chamán con la naturaleza es el punto de partida en cuanto a la visión de este con el mundo, sin esa unión no existe la posibilidad de sanarse a uno mismo y por consiguiente a los demás. Muchos niños son elegidos como futuros Chamanes por un hecho en concreto relativo a su nacimiento y ya desde pequeños se les inculca el pasar tiempo solos en la naturaleza. Observarla y sentirse parte de ella, entender que todos los procesos tienen un motivo que mantiene el equilibrio de los elementos y, por encima de todo, admirar la belleza que esta esconde en cada pequeña cosa que nos rodea. El trabajo del Chamán no sería posible sin ese vínculo latente con las plantas, los árboles, el sol, los animales…

La sabiduría latente de tu alma

Ese conocimiento no permanece oculto esperando a ser revelado por las palabras de otros Chamanes, esa sabiduría forma parte de un camino de autoconocimiento que nunca terminará. A pesar de los viajes iniciáticos que pueden comprender una “muerte y resurrección” las pruebas llegan cada nuevo día y esa oportunidad de aprender se materializa en pequeños descubrimientos del entorno y de nuestro interior. El Chamán que se conoce a sí mismo puede cruzar el velo y sanar a los demás, sus herramientas siempre se situarán entre las plantas, el sonido, el fuego, el canto y el trance. En ellos reside todo el poder que abre los principales caminos para establecer esa conexión que permite la sanación, siendo ese el camino elegido y comprendiendo la responsabilidad y el honor que implica ese trabajo hasta el fin de sus días.

En el viaje por este mundo todos llevamos en nuestra sangre y espíritu el linaje de nuestros ancestros. Ese lazo permanece y forma parte del misterio, llegando a recibir mensajes y protección de algunos de ellos cuyo vínculo se mantendrá a lo largo de las vidas. Es nuestro deber honrar el amor y la sabiduría que nos regalaron en este plano, bendecir sus pasos en esta tierra y alzar nuestro canto para conectar con la divinidad que nos unirá siempre.

Podemos pensar que esos vínculos, conexiones y poderes son inherentes a zonas del planeta donde todavía se mantiene una verdadera comunión con la naturaleza, lejos de contaminaciones electromagnéticas, alimenticias y psicosociales. Pero en realidad ese camino está esperando a todo aquel que sienta la llamada a la conexión con nuestra esencia. La búsqueda del Chamán puede darse en cualquier lugar del mundo, solo hace falta que esa persona despierte y elija el camino del autoconocimiento, ese que le permitirá salir del rebaño y abrir los ojos para conocerse a sí mismo y a los demás.

Autor: Iyari